Día: 28 junio, 2022

Acto de solidaridad por los sucesos del 24J

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Miércoles 29 de junio, frente al CETI, a las 19 horas.

Como parte de la sociedad civil de Melilla, hacemos un llamamiento a las personas de esta ciudad que sienten la necesidad de compartir en un acto pacífico la solidaridad de persona a persona con los migrantes del CETI en recuerdo de los fallecidos en los sucesos del 24J en la valla de Melilla, por humanidad y por la vida que nos da esperanza de futuro a todas las personas.

Motivos para acudir hay muchos.

El pasado viernes 24 de junio tuvo lugar en la frontera una tragedia humana que nos ha horrorizado a todos. Nos ha horrorizado no solo por su cercanía (la tragedia ocurrió en nuestra misma puerta) sino por la magnitud de los hechos y la desgracia humana (37 personas fallecidas y 300 personas heridas según fuentes extraoficiales). 2000 personas intentaron acercarse a la frontera; 500 consiguieron llegar a la zona vallada; 133 consiguieron finalmente pisar territorio español.

El origen de la mayoría de personas que intentaron saltar la valla que separa a España de Marruecos, a Europa de África, es sudanés. Sudán, un país cuya población se dedica a la agricultura en un 80 %, se encuentra geográficamente en la región del Sahel, una zona gravemente afectada por el cambio climático, la sequía y las malas cosechas. Además es un estado controlado por una dictadura militar tras muchos años de guerra civil. Los pocos recursos naturales con los que cuenta están en realidad en manos de muy pocas empresas, todas ellas extranjeras. Con estos datos queda claro que las condiciones de vida para la mayoría de sus ciudadanos son precarias,  inseguras y preocupantes, con una tasa de desempleo que afecta al 18% de la población activa, con casi el 50% de la población viviendo por debajo del umbral de pobreza y con un absentismo escolar de más del 40% debido a la situación económica.

Esta migración forzada por motivos bélicos y climáticos es un hecho alarmante que ya no se puede ocultar más. La emergencia humanitaria que se vive no sólo en los países de origen, sino también en las zonas fronterizas donde estas personas aguardan el momento de cambiar su suerte, es un hecho que evidencia la necesidad de establecer medidas eficaces y humanitarias que ayuden a resolver estas situaciones de desamparo.

Todas las personas que consiguieron cambiar su suerte el pasado 24 de junio son hombres jóvenes, fuertes, capaces y que no tenían un futuro prometedor hasta el pasado viernes. En el camino quedaron quienes no lo consiguieron. Y con la peor de las suertes quedaron aquellos que encontraron la muerte en la vaguada de Barrio Chino.

Melilla, que empezó siendo una tierra con un paso fronterizo amable, se convirtió el jueves pasado en una ratonera en la que perdieron la vida 37 personas al menos. Melilla es una cárcel de alambre que nos separa de la guerra, de la pobreza y del hambre, no sólo físicamente, sino anímicamente también, haciéndonos sentir amenazados, temerosos, ajenos al dolor humano. La valla de Melilla, ese muro de contención, no contiene solo el horror fuera de nuestras vidas; contiene también nuestra propia libertad y nuestra propia calidad humana.

Desde que ocurrió el tristemente famoso salto, escuchamos en los medios de comunicación y en las declaraciones de los responsables políticos palabras como “ataque”, “violento”. Y cuando se alzan voces que nos recuerdan que se trata de seres humanos, que los muertos son seres humanos, todo el mundo empieza a hablar de “buenismo”. Todo el mundo usa la palabra buenismo cuando en realidad quieren decir «no me quitéis mis privilegios». Porque comer cada día se ha convertido en un privilegio; porque tener un refugio seguro se ha convertido en un privilegio; porque tener un porvenir se ha convertido en un privilegio. Porque todos tenemos derecho a los derechos pero sólo unos pocos tienen privilegios. Comer, dormir con tranquilidad, tener futuro; esos son los privilegios que demandan quienes están reclamando su derecho a tener una vida digna.

“Nadie deja su hogar salvo que su hogar sea la boca de un tiburón”. Lo que ocurrió en la frontera el pasado viernes 24 de junio es el presagio de una guerra sin cuartel a menos que de una vez y de verdad se den soluciones basadas en la paz, el respeto y los derechos humanos. Están peleando por sobrevivir aquellos a quienes les queda por perder en el intento únicamente la vida. Lo intentarán férreamente porque les persigue la muerte y porque les guía la esperanza. Ya no se puede seguir haciendo oídos sordos o mirando para otro lado. Ya no nos queda otra que tratar de establecer el equilibrio del alimento, de la justicia, de la hermandad.

Parafraseando a Santiago Agrelo, arzobispo emérito de Tánger, que ha publicado una carta desgarradora sobre estos hechos, «La culpa no es de los muertos. Los violentos no son los muertos. Los responsables no son los muertos”. No son los muertos, no son los migrantes. Porque los que están muertos son los sin derechos y son los sin pan. Expresamos por todo ello nuestro más profundo sentimiento de dolor por los fallecidos y nuestro más profundo sentimiento de solidaridad con quienes ahora se encuentran acogidos en nuestra ciudad

Inmigrantes en la valla de Melilla