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La captura en vivo de aves de canto (silvestrismo) en Melilla incumple la Directiva Aves según dictamen de la Comisión Europea contra España

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El 17 de mayo pasado se hizo público el dictamen elaborado por la Comisión europea contra la infracción 2016/4028 relativa a la directiva aves, debido a las autorizaciones que España está otorgando para captura en vivo de fringílidos.

 

Los fringílidos son un grupo de aves de canto entre las que se encuentran el jilguero, el verderón, el verdecillo, el pinzón, el pardillo, el canario y el lúgano.

 

El dictamen determina la ilegalidad de las autorizaciones de captuta en vivo de fringílidos en España y concede dos meses para tomar decisiones. El no cumplimiento del dictamen provocará una sanción económica para España.

 

Guelaya Ecologistas en Acción muestra su satisfacción por el dictamen, que nos da la razón en las denuncias presentadas. Hemos esperado al dictamen, por  lo que esperamos que la captura de fringílidos en Melilla sea cosa del pasado desde este año.

 

Todas las comunidades autónomas (con la excepción de Asturias), y las ciudades de Ceuta y Melilla vienen autorizando la captura en vivo de estas especies, en contra de la directiva aves, captura que se realiza con artes prohibidas (redes como medio no selectivo), y en época de reproducción en muchos casos.

 

El dictamen entiende que no pueden justificarse las excepciones de captura con estas especies desde el punto de vista de los concursos de canto ya que existen en España alrededor de  322.032 fríngilidos en cautvidad en España en 2015.

 

El dictamen cita expresamente a Melilla en la sanción. Guelaya solicita la participación ciudadana denunciando a los infractores.

 

En Melilla los permisos se concedieron tanto para tener aves de canto (machos) como para cría en cautividad, pero se reconoce en el escrito de la Ciudad que no existe interés en la cría en cautividad, por lo que las capturas de hembras son excepcionales. Esa es la única razón por la que se autorizaba excepcionalmente el silvestrismo.  Solo Galicia y Melilla argumentan un doble objetivo para las autorizaciones, a pesar de que la directiva aves niega la posibilidad de que se capturen como aves de canto.

 

Melilla argumenta que concederá permisos hasta 2018 debido a la escasez de aves criadas en cautividad, pero no aporta ni cuantas aves hay de cada especie en cautividad ni por qué el número es insuficiente.

 

Según el reglamento que aportó la ciudad, las capturas se autorizan parcialmente coincidiendo con la época de reproducción, pero no aporta ningún criterio técnico ni documentos de referencia sobre cuál es la época de reproducción en Melilla. Las directrices técnicas recomiendan autorizaciones entre el 1 de septiembre y el 15 de noviembre, pero en Melilla se autoriza desde el 15 de junio hasta el 15 de agosto.

 

Existen contradicciones en los datos que aporta Melilla. En el caso del lúgano, la respuesta a la carta de emplazamiento enviada por la ciudad no lo incluye en la lista de especies autorizadas, pero en sí la presenta en la lista de últimas excepciones para su captura a pesar de que se encuentra en la lista de especies de régimen de protección especial en España, por lo que la Ciudad cae en contradicción con los datos que ella misma proporciona.

 

Sin embargo, desde noviembre de 2015, la Ciudad no ha enviado información sobre las autorizaciones otorgadas, ni las especies afectadas, ni ha especificado si se trata de capturas de machos (para canto) o hembras (para cría en cautividad). A pesar de ello, sí se han concedido autorizaciones.

 

La Directiva Aves se redactó de acuerdo a información científica que en el caso de Melilla no existe. No se ha realizado ningún censo de estas aves para saber si era necesario su cría en cautividad para el mantenimiento de las poblaciones.

 

Según los datos españoles de SEO/Birlife, la poblaciones de pardillo y verdecillo han disminuido desde 1998 a 2013 un 12% y 16% respectivamente, el jilguero mantiene una tendencia estable  y el verderón y el pinzón muestran un moderado aumento, aunque en el caso de Melilla la subespecie de pinzón es distinta a la peninsular, por lo que los pinzones norteafricanos solo estarían presentes en las ciudades autónomas.

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Serín verdecillo (Serinus serinus) macho cantando en lo alto de la valla de la ETAC, en Rostrogordo

 

 

Captura de fringílidos en Melilla; un despropósito amparado en la tradición

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En julio, las crías de verderones, verdecillos y jilgueros abandonan los nidos y comienzan una nueva etapa donde tendrán que aprender a desenvolverse en las cada vez más degradadas y peligrosas áreas verdes de Melilla. Lo primero que les recibirá en esta nueva etapa es el comienzo de la temporada de caza de fringílidos, y un montón de redes esparcidas por el escaso entorno rural de Melilla esperando a atraparlos.

El vivero forestal de Guelaya se ha convertido desde hace tiempo en un refugio para estos pajarillos, donde tienen agua y comida y no son molestados. Pero, ay, los cazadores se han dado cuenta y se están instalando alrededor de todo el perímetro del vivero. Como Melilla es uno de esos sitios donde esta caza es una “tradición” y está inexplicablemente amparada por la ley no podemos hacer nada más que ver con rabia e impotencia cómo los mismos pajarillos que oímos cantar en libertad son cazados alrededor de la valla del vivero, una valla que marca la diferencia entre vivir en libertad y cantar para todos o enjaulados y cantar para unos pocos.

La caza de fringílidos está totalmente prohibida en Europa, pero se tuvo que dictar una moratoria para ciertas regiones de España donde el colectivo “silvestrista” puso el grito en el cielo por esta prohibición, ya que según ellos la prohibición atentaba contra una tradición con mucho arraigo en estas regiones. Ciertamente es una tradición ver esas largas colas de jaulas de jilgueros medio desplumados que se debaten en un pequeño e insalubre espacio y cantan más por pena que por otra cosa; pero es una tradición que cada vez horripila a más gente, afortunadamente. Europa avisó hace tiempo que sancionaría al estado español por no haber entendido los términos de la moratoria, que en estas regiones se ha interpretado como una vía libre para seguir cazando como toda la vida. Mientras llega la sanción, aquí se caza como si no hubiera pasado nada.

Captura de fringílidos en Melilla; un despropósito amparado en la tradición

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En julio, las crías de verderones, verdecillos y jilgueros abandonan los nidos y comienzan una nueva etapa donde tendrán que aprender a desenvolverse en las cada vez más degradadas y peligrosas áreas verdes de Melilla. Lo primero que les recibirá en esta nueva etapa es el comienzo de la temporada de caza de fringílidos, y un montón de redes esparcidas por el escaso entorno rural de Melilla esperando a atraparlos.

El vivero forestal de Guelaya se ha convertido desde hace tiempo en un refugio para estos pajarillos, donde tienen agua y comida y no son molestados. Pero, ay, los cazadores se han dado cuenta y se están instalando alrededor de todo el perímetro del vivero. Como Melilla es uno de esos sitios donde esta caza es una “tradición” y está inexplicablemente amparada por la ley no podemos hacer nada más que ver con rabia e impotencia cómo los mismos pajarillos que oímos cantar en libertad son cazados alrededor de la valla del vivero, una valla que marca la diferencia entre vivir en libertad y cantar para todos o enjaulados y cantar para unos pocos.

 

La caza de fringílidos está totalmente prohibida en Europa, pero se tuvo que dictar una moratoria para ciertas regiones de España donde el colectivo “silvestrista” puso el grito en el cielo por esta prohibición, ya que según ellos la prohibición atentaba contra una tradición con mucho arraigo en estas regiones. Ciertamente es una tradición ver esas largas colas de jaulas de jilgueros medio desplumados que se debaten en un pequeño e insalubre espacio y cantan más por pena que por otra cosa; pero es una tradición que cada vez horripila a más gente, afortunadamente. Europa avisó hace tiempo que sancionaría al estado español por no haber entendido los términos de la moratoria, que en estas regiones se ha interpretado como una vía libre para seguir cazando como toda la vida. Mientras llega la sanción, aquí se caza como si no hubiera pasado nada.