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La ampliación del puerto se viene abajo. Los motivos económicos que intentaban justificarla se han ido desvaneciendo como la espuma.

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La caída en picado de las mercancías que entran al puerto de Melilla pone fin al cuento de la lechera con el que, de forma torticera, se ha intentado jugar con las ilusiones de una ciudad con unas cifras de paro muy elevadas.

Empezaron vendiéndonos una macroterminal de contenedores; ya en 2006 el entonces director de la Autoridad Portuaria, José Luis Almazán, ante las noticias aparecidas en prensa sobre un operador de contenedores que iba a invertir mil millones en Puntanegri, lanzó al vuelo que la ampliación del puerto de Melilla competiría con la marroquí con la creación de una terminal internacional de 170.000 contenedores. La ampliación estaría terminada en 2012, costaría 300 millones de euros y el 70% del capital provendría de financiación privada; y si alguien preguntaba qué tipo de contenedores iban a llegar a Melilla para aspirar a una cifra tan desorbitada, se contestaba que íbamos a ser un referente internacional en el tráfico de mercancías entre América y Asia y entre América y Europa, y los operadores querrían dejar, de forma temporal, sus contenedores en el puerto de Melilla. Si se le preguntaba que por qué las empresas iban a preferir Melilla frente a puertos marroquíes contestaba que Melilla aportaría mayor seguridad jurídica. Además, con este negocio estrella se iban a crear miles de puestos de trabajo.

Se fue Almazán y, en 2015, llegó Marín como nuevo director de la Autoridad Portuaria; ya no se hablaba del supernegocio de los contenedores, ahora el foco se puso en la necesidad de ampliar nuestro puerto por el incesante aumento de las mercancías que entraban a Melilla así como por el aumento del tráfico de pasajeros. Si no se ampliaba, nuestro puerto iba a estar colapsado, no habría sitio para ubicar las mercancías ni para atracar los barcos; además, según Marín la Ampliación generaría 5.000 puestos de trabajo. También se empezó a hablar de la necesidad de nuevo espacio para trasladar las industrias contaminantes de Melilla, sobre todo Endesa.

En 2014 Guelaya presentó sus primeras alegaciones al Proyecto de Ampliación del Puerto de Melilla y en 2017 las presentamos al Estudio de Impacto Ambiental de este proyecto. En estas alegaciones hemos puesto de manifiesto la falsedad en unos casos, y la escasa certidumbre en otros, de las argumentaciones que sustentaban la necesidad de la Ampliación:

Sobre el aumento incesante de mercancías demostramos, con datos de la propia Autoridad Portuaria que el tráfico de áridos se había desplomado. Sobre el resto de mercancías (que mayoritariamente tiene como destino a Marruecos), expusimos que la frontera de Melilla no podría soportar un aumento indefinido del volumen de tráfico y que ya empezaba a dar signos de un probable colapso; por otra parte la construcción del macropuerto de Nador West Med, que ya tenía adjudicados los inversores, echaría por tierra, muy probablemente, lo que quedase de nuestro mal llamado “comercio atípico” .

El tiempo da la razón a Guelaya y, como habíamos previsto, la frontera se ha convertido en un tapón, el tráfico de mercancías con Marruecos ha caído en picado y con él el volumen de mercancías que trabaja nuestro puerto. El 27 de septiembre, en prensa local, se informaba que la Asociación Nacional de Estibadores alertaba de la crítica situción por la que atraviesa la actividad portuaria de Melilla; de enero a julio de 2018 el número de contenedores estibados en nuestro puerto ha descendido un 37%. El señor Marín guardó silencio.

Y para remate del muerto el gobierno marroquí cerró de un plumazo nuestra frontera al paso de mercancías legales; y por lo que parece piensa cerrarla también al tráfico del contrabando; este aspecto, por sí solo, debería bastar para guardar en el baúl de los recuerdos las ansias de infraestructuras del gobierno de la ciudad, dispuesto a gastar más de 300 millones en una ampliación que se quedaría con las explanadas vacías.

La ampliación ya no puede utilizar como principal excusa la necesidad de terreno para almacenar el hipotético aumento en el volumen de mercancías.

Les quedaban algunas excusas secundarias: el volumen de pasajeros, el traslado de la incineradora, de los depósitos de combustible… y Endesa.

Nada se sabe de la valoración económica que hay que añadir para estas operaciones, ni se ha trazado ningún plan económico, ni acordado quien lo va a pagar. El puerto-isla que se pretende construir, por otro lado, no incluye la urbanización del espacio ganado al mar. ¿Cuanto costaría urbanizar 25 hectáreas, construir aceras y carreteras, conectar luz y agua, trasladar industrias tan sensibles como la incineradora o ENDESA, ambas de uso diario imprescindible para el día a día? ¿Otros 300 millones?

Esto supone hipotecar las inversiones del Estado en la ciudad para un buen número de años. ¿Para cuando habrá dinero para terminar el hospital, construir dos colegios nuevos, otro instituto…?

Según la Autoridad Portuaria el volumen de pasajeros aumentaría incesantemente y harían falta nuevos muelles de amarre a largo plazo. Desde Guelaya señalamos en nuestras alegaciones que, además de no tener problemas de sitio para el atraque de barcos ni a corto ni a largo plazo, el volumen de pasajeros podía descender en el momento en que las líneas marítimas que trabajaban en la Operación Paso del Estrecho volvieran a actuar en el puerto de Beni Enzar, cosa que sucedió en 2017 y que produjo un descenso de pasajeros del 8,1%. No se puede pensar en una ampliación por un tráfico de pasajeros fluctuante y que, aunque siguiese aumentando, sería totalmente asumible por las infraestructuras actuales

Y por último Endesa, de la que ahora se preocupan por lo que contamina, aunque es curioso saber que la normativa que restringe las emisiones contaminantes de Endesa la pone el gobierno de la ciudad, y que, según la misma, Endesa podía contaminar, legalmente, lo que no está en los escritos, porque las leyes restrictivas que se le estaban aplicando datan de 1975 y están derogadas hace mucho tiempo. Nuestro gobierno no movió un dedo por actualizar esa normativa hasta que Guelaya lo exigió; ésto fue hace dos años y todavía no han sido capaces de aprobar la nueva normativa de Endesa. Tampoco movieron un dedo para acabar con los malos olores que se desprenden de la central, no hicieron nada, y si Endesa instaló filtros para mitigar estos olores fue porque Guelaya actuó en prensa y en fiscalía. Pero la mejor solución para la contaminación actual y futura de Endesa es la que Guelaya viene defendiendo últimamente, bastaría con unir energéticamente Melilla con la península mediante un cable submarino y adíós a la contaminación.

Ni que decir tiene que la fantasía que trataban de vendernos de los miles de puestos de trabajo que se generarían con la nueva Ampliación ya no tiene sustento alguno; una vez terminadas las obras, el volumen de trabajo de nuestro puerto sería probablemente menor que el actual, porque el tráfico de mercancías está en descenso vertiginoso, lo que, lamentablemente, hace peligrar puestos de trabajo. No habrá puestos nuevos de trabajo, es más, será difícil mantener los actuales.

No quedan excusas para la ampliación del puerto, no quedan excusas para despilfarrar el dinero público buscando crear ilusiones en los votantes; un político decente reconocería que este proyecto se ha venido abajo.

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