Lugar de Interés Comunitario

Nueva colonia de gaviota de Audouin en Melilla

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El patrimonio natural de Melilla está de enhorabuena, pues se ha descubierto una nueva colonia de cría de gaviota de pico rojo o de Audouin (Ichthyaetus audouinii) en los acantilados de la zona norte de Melilla, en una zona incluida en la ZEC (Zona de especial Conservación) de los Acantilados de Aguadú, y por tanto dentro de la Red Natura 2000 de espacios europeos protegidos. Esta nueva colonia, descubierta por los melillenses Diego Jerez y Cristóbal Rosado, cuenta con al menos 16 nuevas crías de gaviota de pico rojo, una especie que estuvo en serio peligro de desaparecer hace unas décadas y que poco a poco va recuperando sus antiguos territorios de cría gracias a las medidas de protección que en su día se pusieron en marcha para evitar su extinción.

colonia Audouin

Con esta nueva colonia ya son dos las colonias de cría de gaviota de Audouin establecidas en Melilla, pues el año pasado Diego Jerez descubrió la primera colonia en la zona sur de la ciudad, que este año ha sacado adelante al menos a otras 18 crías.

Cuando la comunidad científica alertó del peligro de desaparecer que amenazaba a esta especie, sólo en las islas Chafarinas se concentraba el  60% de la población reproductora mundial, lo que otorgó a estas islas fama internacional. Las medidas de protección sobre la gaviota de pico rojo fueron dando poco a poco resultados y la población de esta especie fue aumentando en número y estableciéndose en nuevos lugares de cría, como el delta del Ebro e Isla Grosa. Posteriormente han surgido muchas nuevas colonias de pequeño tamaño, como las recién descubiertas en Melilla, en otros enclaves del Mediterráneo, como Isla de Tierra (Alhucemas) o Ceuta. Este escenario de pequeñas colonias distribuidas por la costa mediterránea, en vez de grandes colonias muy localizadas, es el mejor para la especie por varias razones:

-En primer lugar porque se evita la endogamia y se favorece la diversidad genética de la especie.

-En segundo lugar por el riesgo que supone una gran concentración de una especie amenazada, pues en caso de sufrir una catástrofe supondría la pérdida de un porcentaje muy alto de la población total.

-En tercer lugar porque estudios científicos realizados a lo largo de los años sobre esta especie demuestran que las grandes colonias de gaviota de pico rojo entran en conflicto con su principal competidor, la gaviota patiamarilla (Larus michahellis), llegando a comprometer seriamente el éxito reproductor de la colonia. En cambio, en las pequeñas colonias la convivencia entre estas especies no entraña ningún problema serio.

El importante aumento de la población de gaviotas de pico rojo desde que se decretaran medidas protectoras para salvar la especie nos demuestra lo importantes y necesarias que son estas medidas para proteger nuestro legado natural, y nos da aliento para seguir luchando porque estas medidas se sigan aplicando sobre esta y otras muchas especies, hasta que logremos convivir con ellas sin suponer ninguna amenaza a su supervivencia.

El hecho de que esta colonia se encuentre cerca de una hura habitada por una familia de zorros, y de que en sus proximidades anide también una pareja de halcones con sus crías, sin que la depredación de estas especies haya puesto en peligro el éxito de la colonia, es una constatación de que los peligros reales para esta especie son la alteración del medio natural y la acción de los desaprensivos.

La presencia de esta colonia de gaviotas de pico rojo viene a enriquecer de forma importante el patrimonio natural de los espacios protegidos de Melilla, pues esta especie está incluida en el Catálogo Español de Especies Amenazadas bajo el status de “Vulnerable”. Desde Guelaya-Ecologistas en Acción Melilla queremos recordar a las autoridades ambientales de Melilla que la legislación española establece la obligación de realizar un plan especial de gestión de esta colonia, tanto por el status de protección de la especie como por su presencia en un espacio natural protegido.

Plantaciones de Guelaya en 2.015

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     En el transcurso de enero y febrero de 2015 seguimos reforestando las zonas verdes de Melilla con las especies autóctonas de la ciudad. Como siempre, todos los melillenses están invitados a participar en ellas, para colaborar en la mejora del entorno natural de la ciudad y conocer las especies más valiosas de nuestro rico, aunque maltratado, patrimonio natural.

    Este año seguimos plantando las especies forestales autóctonas de la zona, tales como el araar (Tetraclinis articulata), el acebuche (Olea europaea var. sylvestris), el labiérnago (Phillyrea latifolia ssp. media), la sabina negral costera (Juniperus phoenicea ssp. turbinata), el espino negro (Rhamnus lycioides ssp. oleoides), la retama blanca (Retama raetam ssp. bovei), el palmito (Chamaerops humilis), el lentisco (Pistacia lentiscus), la coscoja (Quercus coccifera), el espliego (Lavandula dentata) y otras muchas especies de las que conforman el largo listado de especies del bosque mediterráneo norteafricano, uno de los ecosistemas más ricos en biodiversidad del mundo. Todas estas plantas proceden de semillas que hemos recolectado en el entorno de Melilla y hemos reproducido en el vivero forestal de Guelaya hasta que han alcanzado el tamaño adecuado para su plantación en tierra.

    Pero este año estamos centrando nuestro esfuerzo en dos especies en particular, la jara de Cartagena (Cistus heterophyllus) y la jarilla cabeza de gato (Helianthemum caput-felis), a las que ya dediqué sendos artículos en su día en este mismo espacio. Las dos están incluidas en el Catálogo Español de Especies Amenazadas y, por tanto, protegidos por la legislación estatal. Las dos están presentes en la península, precisamente en la zona con el clima más parecido al nuestro, el levante español. Efectivamente, la aridez de la región murciana y el sur de Alicante y su cercanía con el continente africano ha propiciado que la flora de estas dos regiones comparta muchas especies con la del norte de África, incluyendo las dos antes mencionadas. Las duras condiciones climáticas de estas zonas han dado lugar a una flora muy especial, única en Europa,adaptada a la sequía y la insolación. La rudeza de estas especies, que les ha permitido sobrevivir hasta ahora en un entorno tan inhóspito, no ha conseguido sin embargo protegerlas del grave deterioro ambiental que ha sufrido el litoral levantino en las últimas décadas, debido a la especulación urbanística que ha sepultado estas costas bajo toneladas de cemento.

    La distribución en la península de estas especies se ha reducido hasta tal punto que la jarilla sólo sobrevive en algunos enclaves costeros protegidos. En Alicante su situación es especialmente crítica, pues la distribución de caput-felis allí se ha reducido a un pequeño enclave en cala Mosca, que además ha sufrido hace muy poco un atentado urbanístico que amenazaba con acabar del todo con esta pequeña población de jarillas. La denuncia por estos hechos ha terminado en el Tribunal Supremo, que por suerte ha dictado una resolución que favorece la salvación, por ahora, de estas últimas jarillas alicantinas. 

   Sin embargo, hasta ahora la especie que ha corrido peor suerte es la jara de Cartagena. Fue descrita por botánicos que la encontraron en la región murciana a principios del siglo pasado, mencionando que era una especie abundante en esa época. Desde entonces, nadie volvió a hablar de esta especie. Cuando se redescubrió, hace ahora veinte años, sólo quedaban diez jaras de Cartagena en toda Murcia, agrupadas en un lugar recóndito de las sierras murcianas. La fortuna quiso que se pudieran rescatar semillas en abundancia de estas plantas antes de que un incendio, de los muchos que asolaban los montes murcianos en esos años de especulación infame, destruyera estas últimas jaras. Esas semillas dieron lugar a los plantones con los que se está volviendo a restituir esta especie en la región. En Alicante, la población de jaras de Cartagena se reducía a un sólo ejemplar antes de que se comenzara a trabajar en su reintroducción. Debido a la poca diversidad genética de los plantones, todos descendientes de esas últimas jaras, el problema principal de esta especie en la actualidad en la península es su hibridación con la jara blanca (Cistus albidus).

   En Melilla, a pesar de lo reducido de su territorio, había una buena población de Helianthemum caput-felis hasta ahora, gracias a que las zonas donde vive estaban bajo la custodia del ejército. En el caso de las jarillas del barranco del Nano, cuando esta zona pasó a ser gestionada por la consejería de medio ambiente de Melilla al ser declarada LIC (Lugar de Interés Comunitario), no se le ocurrió otra cosa mejor que desbrozar sistemáticamente toda la población que había, junto con todos los caméfitos que las acompañaban. Supuestamente el motivo del desbroce era favorecer el crecimiento de los árboles que la consejería había plantado allí, procedentes de viveros peninsulares. Se da la circunstancia de que los biólogos que hicieron el informe por el que se declaró estas zonas LIC, se basaron en la presencia de estos caméfitos, sobre todo la jarilla cabeza de gato, y en su alto valor ecológico, para que Europa incluyera este territorio dentro de la Red Natura 2000. Los responsables de la consejería no se leyeron este informe, por lo visto. Toda una ironía del destino, desbrozar lo que precisamente te han encargado de proteger.

          En el caso de la jara de Cartagena, su presencia ya era muy escasa cuando se declararon las zonas LIC, pues es una especie más forestal, y estas zonas ya estaban muy deforestadas desde tiempos históricos. Las semillas que hemos usado para reproducir estas plantas las recolectamos muy cerca del Nano, justo al otro lado de la valla, en los pinares de Trifa, donde aún se conservan muchos ejemplares de esta especie.

Al hacer de estas especies las protagonistas principales de nuestras plantaciones nuestra pretensión es restaurar sus poblaciones para que nuestros espacios protegidos recuperen cuanto antes el nivel ecológico de antaño, y de paso ayudamos a que los melillenses se familiaricen con ellas y aprendan a valorarlas. es una oportunidad también para que juntos colaboremos en mejorar nuestro entorno. El hecho de que la mayoría de las personas que acuden a nuestras plantaciones lo hagan acompañadas de sus hijos nos demuestra la voluntad de los ciudadanos de Melilla de que las generaciones venideras disfruten de un entorno natural mucho mejor que el actual. Seguiremos trabajando para conseguirlo. 

     

helianthemum caput-felis 2 Jara de cartagena (Cistus heterophyllus)