Mes: julio 2016

Sembrando esperanza en el Gurugú

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Los amigos del Runners Team Melilla, con Juandi a la cabeza, nos han pedido colaboración en un proyecto que es como un rayo de esperanza en estos momentos de desolación ante lo que ha ocurrido en el Gurugú. Ellos entrenan en sus senderos habitualmente, y han sentido la misma desolación que todos los que disfrutábamos de este entorno. Su idea es seguir entrenando por los mismos senderos, pero a la vez ir dispersando semillas autóctonas de las especies más valiosas del Gurugú, como el araar o la coscoja, semillas que Guelaya les proporcionará junto con nuestro agradecimiento más sincero por tan estupenda iniciativa. Si logramos que estas semillas germinen entre los resecos pinares, lograremos además que el coscojar, el ecosistema más valioso y húmedo del Gurugú, se extienda por zonas antes ocupadas por pinos y eucaliptos cultivados. Hace ya algunos años que acostumbramos a enterrar bellotas de coscoja recogidas de ciertos rincones del Gurugú bajo el reseco suelo del pinar, y ya son muchas las pequeñas coscojas que crecen por los senderos que usamos habitualmente; por eso sabemos que la iniciativa de los runners melillenses será sin duda positiva.

La época de recolección de estas semillas comienza en septiembre, y este año tenemos muy claro que tendremos que recoger más que ningún otro. Tendremos que ir a los lugares del macizo que se hayan librado del fuego, y procuraremos coger sólo unas pocas semillas de cada ejemplar recolectado, para que pueda realizar su función reproductora sin que nada interfiera en el proceso.

Las imágenes del coscojar del Gurugú antes del incendio no deben, pues, hacernos caer en el desánimo, sino servir de acicate para intentar que algún día se repitan. Nuestro grano de arena, y el de los Runners, ya está en camino hacia allí..

gurugú coscojal

La gestión de la vegetación arrancada en el río Oro como ejemplo de desatino.

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Arrancar toda la vegetación ribereña del río es una acción que la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir tendrá que justificar ante la fiscalía tarde o temprano. Tirarla a otro espacio natural, el Nano, mezclada con basura y neumáticos, es ya el siguiente paso en la escalada. En fin, hoy en prensa sus responsables poco menos que le echaban la culpa a los camioneros, un disparate. Esa basura y neumáticos que están entre la vegetación es la que la CHG tenía que haber evitado que llegara al río, o en todo caso haberla retirado del cauce sin dañar la vegetación riparia, auténtico pulmón del río que purificaba sus aguas y albergaba las aves que nos libran de los mosquitos.

vegetación del río Oro

En la imagen de la izquierda, y en un vistazo rápido, podemos ver cómo los berros (Rorippa nasturtium), espadañas (Typha angustifolia), carrizos (Phragmites australis), juncos (Juncus acutus) y otras especies mantenían el agua transparente a pesar de los numerosos colectores ilegales de aguas fecales que salpican el río. En la foto de la derecha vemos cómo toda esa vegetación, después de arrancada, es tratada como un residuo más y se tira junto a toda la demás basura, para más escarnio, en otro espacio natural. Para subir un escalón en el desatino.

Las medusas comienzan su agosto en las playas de Melilla

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Por explicar brevemente los factores de la sobreabundancia actual de medusas, en concreto las de la especie Pelagia noctiluca, en nuestras costas, se pueden resumir en cuatro:

  • El primero sería la ausencia de depredadores, como tortugas y peces luna, por caídas accidentales en redes y palangres, entre otras causas.
  • El segundo sería la contaminación por compuestos orgánicos provenientes de la agricultura intensiva, que llegan al mar a través de los ríos; dichos compuestos orgánicos favorecen el desarrollo de los pólipos.
  • El tercero es la ausencia de la barrera de agua dulce que antaño evitaba que las medusas se acercaran a la costa; la disminución de los recursos hídricos hace que llegue mucha menos agua dulce al mar.
  • El cuarto es, cómo no, el aumento de temperaturas debido al cambio climático, que acelera el desarrollo de estos organismos.
pelagia
Pelagia noctiluca en la costa de Tres Forcas, cerca de Melilla

                                                                         

Mientras no empecemos a corregir estos factores, las medidas contra la invasión de medusas de nuestras playas serán paliativas y poco eficaces. Para colmo, pagamos el gran trabajo de nuestros aliados naturales contra las medusas, las tortugas marinas, llenando de plásticos el mar, que confunden con sus presas y devoran hasta provocarles la muerte. Un sinsentido que simboliza nuestra actitud actual con la naturaleza. La presencia de medusas en nuestras playas es una respuesta natural a esa actitud. 

Captura de fringílidos en Melilla; un despropósito amparado en la tradición

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En julio, las crías de verderones, verdecillos y jilgueros abandonan los nidos y comienzan una nueva etapa donde tendrán que aprender a desenvolverse en las cada vez más degradadas y peligrosas áreas verdes de Melilla. Lo primero que les recibirá en esta nueva etapa es el comienzo de la temporada de caza de fringílidos, y un montón de redes esparcidas por el escaso entorno rural de Melilla esperando a atraparlos.

El vivero forestal de Guelaya se ha convertido desde hace tiempo en un refugio para estos pajarillos, donde tienen agua y comida y no son molestados. Pero, ay, los cazadores se han dado cuenta y se están instalando alrededor de todo el perímetro del vivero. Como Melilla es uno de esos sitios donde esta caza es una “tradición” y está inexplicablemente amparada por la ley no podemos hacer nada más que ver con rabia e impotencia cómo los mismos pajarillos que oímos cantar en libertad son cazados alrededor de la valla del vivero, una valla que marca la diferencia entre vivir en libertad y cantar para todos o enjaulados y cantar para unos pocos.

La caza de fringílidos está totalmente prohibida en Europa, pero se tuvo que dictar una moratoria para ciertas regiones de España donde el colectivo “silvestrista” puso el grito en el cielo por esta prohibición, ya que según ellos la prohibición atentaba contra una tradición con mucho arraigo en estas regiones. Ciertamente es una tradición ver esas largas colas de jaulas de jilgueros medio desplumados que se debaten en un pequeño e insalubre espacio y cantan más por pena que por otra cosa; pero es una tradición que cada vez horripila a más gente, afortunadamente. Europa avisó hace tiempo que sancionaría al estado español por no haber entendido los términos de la moratoria, que en estas regiones se ha interpretado como una vía libre para seguir cazando como toda la vida. Mientras llega la sanción, aquí se caza como si no hubiera pasado nada.

Captura de fringílidos en Melilla; un despropósito amparado en la tradición

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En julio, las crías de verderones, verdecillos y jilgueros abandonan los nidos y comienzan una nueva etapa donde tendrán que aprender a desenvolverse en las cada vez más degradadas y peligrosas áreas verdes de Melilla. Lo primero que les recibirá en esta nueva etapa es el comienzo de la temporada de caza de fringílidos, y un montón de redes esparcidas por el escaso entorno rural de Melilla esperando a atraparlos.

El vivero forestal de Guelaya se ha convertido desde hace tiempo en un refugio para estos pajarillos, donde tienen agua y comida y no son molestados. Pero, ay, los cazadores se han dado cuenta y se están instalando alrededor de todo el perímetro del vivero. Como Melilla es uno de esos sitios donde esta caza es una “tradición” y está inexplicablemente amparada por la ley no podemos hacer nada más que ver con rabia e impotencia cómo los mismos pajarillos que oímos cantar en libertad son cazados alrededor de la valla del vivero, una valla que marca la diferencia entre vivir en libertad y cantar para todos o enjaulados y cantar para unos pocos.

 

La caza de fringílidos está totalmente prohibida en Europa, pero se tuvo que dictar una moratoria para ciertas regiones de España donde el colectivo “silvestrista” puso el grito en el cielo por esta prohibición, ya que según ellos la prohibición atentaba contra una tradición con mucho arraigo en estas regiones. Ciertamente es una tradición ver esas largas colas de jaulas de jilgueros medio desplumados que se debaten en un pequeño e insalubre espacio y cantan más por pena que por otra cosa; pero es una tradición que cada vez horripila a más gente, afortunadamente. Europa avisó hace tiempo que sancionaría al estado español por no haber entendido los términos de la moratoria, que en estas regiones se ha interpretado como una vía libre para seguir cazando como toda la vida. Mientras llega la sanción, aquí se caza como si no hubiera pasado nada.

 

Aumentan los incidentes con las gaviotas patiamarillas en el casco urbano de Melilla

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La población de gaviotas patiamarillas (Larus michahellis) ha crecido exponencialmente en pocos años y ya cría en los tejados de casi todos los barrios de la ciudad. Hasta hace algunos años sólo criaba en los acantilados de Aguadú y Melilla la Vieja, desde donde empezó a extenderse por los tejados de las casas y comenzaron los problemas con ellas. También provocaron algunos sustos en el cementerio, pero sólo eran anécdotas comparadas con los problemas que ocasionan hoy en día.

gaviota y pollo 2

La patiamarilla es una gaviota grande, la más grande de las que viven por aquí. En su hábitat natural depreda sobre los pollos e incluso adultos de las otras especies de gaviotas que viven en su entorno, así como cualquier ave o animal que se ponga a su alcance. Donde su población se dispara, disminuyen o desaparecen las demás especies. En Chafarinas, es la principal causa de muerte de pollos de la gaviota de pico rojo. Curiosamente, muchos melillenses confunden a la patiamarilla con la gaviota de pico rojo, por tener la primera una mancha roja en su pico; en realidad, la gaviota de pico rojo (Ichtyaetus audouinii) tiene el pico rojo por completo, es más pequeña y NUNCA cría en el casco urbano.

En Melilla, las patiamarillas matan muchos de los pollos de los cernícalos que crían en los acantilados, ya sean vulgares o primillas. Los pocos enemigos que mantenían el control sobre la población de esta gaviota hace tiempo que desaparecieron, y sus hábitos alimenticios son poco escrupulosos, con lo que hace tiempo que su principal fuente de alimentación es la basura. Ese es el motivo principal que ha hecho que la patiamarilla se haya extendido por toda la ciudad. Cualquier bocadillo abandonado en un recreo o los desechos de pescado de los mercados son aprovechados por esta especie, que además no duda en atacar y dar muerte a las palomas que se pongan a su alcance. Crías de perros o gatos callejeros también son víctimas en no pocas ocasiones de sus ataques.

Pero cuando se muestra más agresiva es en época de cría, y especialmente cuando los pollos ya están volantones, a finales de junio y hasta mediados de julio. Los primeros intentos de vuelo de estos pollos provocan que caigan de los tejados a patios de viviendas y colegios, y los progenitores mantendrán fuera del alcance de su pollo a todo el que intente acercarse. En la actualidad, no hay un servicio de atención definido para este tipo de incidencias, y la policía local no da abasto en estos días, y el año que viene será peor. Por lo pronto, las gaviotas ya han llegado a los cuarteles cercanos al aeropuerto, y han provocado problemas para aterrizar a algún avión, lo que da una idea de la seriedad del asunto.

Hace ya algunos años que Guelaya viene solicitando a las autoridades que intervengan en el control de esta especie para evitar que el problema persista y siga aumentando. Una empresa local especializada en control de fauna, El Quinto, ya presentó hace dos años un proyecto de control de la especie a la consejería de medio ambiente, que no fue atendido. El proyecto proponía controlar la población con un sistema que ya ha funcionado en otras ciudades y que siguen empleando con éxito en Chafarinas: el parafinado de los huevos. Es un sistema incruento que evita que haya intercambio de temperatura entre el huevo y los progenitores, por lo que no es fecundado y nunca llega a eclosionar. En nuestra última reunión con el consejero de medio ambiente Manuel Ángel Quevedo y parte de su equipo, entre otros temas, volvimos a hablar del problema irresoluto con esta especie, y nos confirmaron que estaban al tanto de las incidencias que estaban provocando. Volvimos a proponer que se llevara a cabo el proyecto presentado en su día por El Quinto, y la propuesta tuvo buena recepción. Hasta ahora no tenemos noticias de si se han iniciado contactos, pero esperamos que este sea el comienzo de la solución para este problema. Debemos recordar, por último, que las gaviotas no son culpables de seguir su instinto, por lo que no deben ser tratadas con crueldad. Es nuestro deber empezar a reparar los errores que provocan que ésta y otras especies terminen convirtiéndose en una plaga.