óxidos de azufre

Melilla termina el año como único territorio español que no mide la calidad del aire y que permite a la central diesel de ENDESA contaminar sin los controles previstos en la actual normativa.

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La central diesel de ENDESA sigue teniendo permiso para contaminar el aire con todo los NOx que quiera. No se le impone ningún valor límite. Era así cuando comenzó el mandato político de la ciudad hace casi cuatro años y así será en las próximas elecciones. Hemos perdido cuatro años para actualizar la Autorización Ambiental Integrada.

 

La declaración ambiental que publica la empresa ENDESA sobre su central en el año 2017 confirma que la legislación de referencia es el Decreto 833/1975, firmado en vida de Francisco Franco.

 

Cualquiera puede imaginarse que las mejores técnicas disponibles con las que ENDESA debería funcionar en Melilla no son las que estaban disponibles hace 43 años. Los niveles de partículas y SO2 que figuran en ese decreto como límites son varias veces superiores a los que están vigentes ahora en el Real Decreto 815/2013 o en el  Real Decreto Legislativo 1/2016.

 

Pero además, el Decreto de 1975 no incluye ninguna limitación para los NOX, que causan tal daño a la salud que están provocando ellos solos el final de los motores diesel de locomoción.

 

Hace dos años que el consejero hizo pública su intención de actualizar la Autorización Ambiental Integrada, pero seguimos igual, es decir, con una ENDESA sin una Autorización Ambiental que ponga límites a las emisiones de óxidos de nitrógeno.

 

Y mientras acabamos el año sin autorización ambiental integrada actualizada, seguimos sin poder saber lo que respiramos porque tampoco después de medio año se ha cumplido el anuncio realizado este verano pasado de contratar a una empresa para que mida durante varios años la calidad del aire en Melilla.

 

Por algún motivo que desconocemos, tras los resultados de los últimos análisis de 2013 con graves incumplimientos en los niveles de partículas y ozono troposférico, ni la administración anterior ni la actual han puesto remedio al problema, porque la legislación obliga a tener planes de calidad del aire cuando algún contaminante supera los valores límite.

 

Somos el único territorio español donde la Administración se niega a cumplir con el derecho de los ciudadanos a saber qué respiran.

 

El año 2018 termina a cinco meses de la próximas elecciones y la calidad del aire en Melilla sigue siendo una asignatura pendiente tras casi 4 años de mandato.

 

Esperamos que los PGE de 2019, que ya no malgastan dinero para la ampiación del puerto, sí incluyan una partida presupuestaria para comenzar el estudio del cable submarino que conecte Melilla con la península dejando de ser una isla energética, lo que permitiría a través de la Red Eléctrica Española consumir una electricidad que al menos en un porcentaje importante procede de fuentes renovables, desapareciendo la contaminación atmosférica de ENDESA, que cifra en su propia declaración ambiental de 2017 en 726,78 toneladas de SO2, 2.968,70 toneladas de NOx, 60,03 toneladas de partículas y 144,07  toneladas de  CO.

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