A la espera de un Reglamento y un cambio de actitud en defensa del arbolado urbano de Melilla

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Finalmente la presión ciudadana ha salvado los grandes eucaliptos de la plaza del Tesorillo, que según el proyecto de remodelación de esta plaza estaban destinados a la tala y hay que alegrarse por ello, pero…

La consejería de medio ambiente ha cedido con estos venerables árboles, pero avisando de que sigue empecinada en su postura de no valorar la edad ni el porte de los árboles de Melilla, con la afirmación de que estos eucaliptos se podían talar «por no ser una especie protegida». No es la primera vez que escuchamos esta frase por parte del consejero.

¿Para que se respete el arbolado urbano de la ciudad tiene que ser de una especie protegida? Esta confusión de lo que es el arbolado urbano y la flora ornamental parece obedecer a un intento de confundir a la ciudadanía para que acepte lo inaceptable: la tala indiscriminada de cualquier árbol que estorbe a sus planes urbanísticos.

Si acudimos a la legislación española que trata sobre especies protegidas se podrá leer en el BOE o en la información pública del MTERD que se refiere al Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y Catálogo Español de Especies Amenazadas.

Ver: https://www.miteco.gob.es/es/biodiversidad/temas/conservacion-de-especies/especies-proteccion-especial/ce-proteccion-listado-situacion.aspx

Pues bien, según la RAE, silvestre tiene estas acepciones:

1. adj. Dicho de una planta: Criada naturalmente y sin cultivo.

2. adj. Dicho especialmente de un lugar: Agreste, inculto o no cultivado.

3. adj. Dicho de un animal: No domesticado.

En cualquiera de esas acepciones mencionar a las especies protegidas del arbolado urbano para justificar o no la tala de especies de árboles, arbustos o hierbas de jardines, zonas verdes, parques o cualquier otro término que implique la plantación por los servicios de jardinería de especies nacidas de la mano del hombre o de la mujer en viveros es un error que viene a demostrar la falta de conocimiento y sensibilidad ambiental de quien es responsable del mantenimiento del patrimonio natural de nuestra ciudad.

El respeto por nuestros árboles no es una obligación legal, es un sentimiento y una actitud bioética, que si no se tiene, no se tiene, porque si se tuviera, se le abría protegido con la aprobación de un reglamento hace muchos años.

Estas declaraciones nos confirman que solo podemos alegrarnos por ahora de que se salven los eucaliptos de Daoiz y Velarde, pero que tendremos que seguir peleando por el resto de árboles condenados por proyectos como los de Santiago o Alcántara

Eucalipto Plaza Daoiz y Velarde

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